Nuestro Primer Presidente

Nuestro Primer Presidente

“En aquél modesto primer Centro Vasco de Velázquez a Cipreses, vino a ocupar la presidencia un hombre modesto también”

Natural es que entre una institución y el hombre a cuyo impulso ella surgió a la vida exista una similitud de características que, a simple vista revelan la estrecha relación que a ambos vincula.
 
Pero no es tan fácil que una entidad como el Centro Vasco, cuya creación no fue ni podía ser la obra de un hombre, sino algo que nació en virtud de una necesidad espiritual que, hondamente, se hacía sentir entre los dispersos miem­bros de una comunidad nacional que, arrojados de su solar inmemorialmente poseído, habían de rehacer sus vidas en lejanas aunque acogedoras tierras, encontrase, desde el primer instante de su constitución, un hombre tan cabal­mente representativo de toda su razón de ser. Y, sin embargo, así fue.
 
Porque, en aquel modesto primer Centro Vasco de Velázquez a Cipreses, vino a ocupar la presidencia un hombre modesto también, sin títulos académicos ni económicos de ninguna clase. Porque, para representar entre los vascos de aquí a la Patria lejana, fue elegido un vasco típicamente racial. Porque cuando la institución comenzó a moverse, al principio con modestia y con más ambi­ciones después, se fue viendo que, al compás de la posibilidad de cada momento, en los problemas puramente domésticos, lo mismo que en aquellos otros de proyección externa, actuaba con sencillez, pero con consumada prudencia, con una enorme dosis de ese sentido práctico que no se compra ni se hereda, y de ese instinto diplomático que no se aprende en los libros ni en las aulas univer­sitarias, un hombre hecho para comprender y ser comprendido, para estimar y ser estimado, vale decir, un dirigente nato, aun sin ambicionarlo ni proponérselo siquiera.
 
Cómo fue valorada su actuación se vio al cabo de pocos años cuando —caso muy raro en nuestros medios— fue reelecto en su cargo presidencial, y se con­firmó después, al ser elegido —caso ya único— para Presidente otra vez.
 
Y, desde entonces, sin necesidad de más reelecciones ni nombramientos espe­ciales, todos sentimos que aquel nuestro primer Presidente sigue y seguirá ya gozando siempre de esa categoría, en la estimación de todos los socios.
Todos lo sentimos así, al ver atravesar el salón, repartiendo y recibiendo en cada mesa abrazos y saludos, a ese noble valor humano acuñado en metal vasco: a ese hombre bueno, hecho todo de comprensión, cordialidad y simpatía que se llama José María de Echezarreta.
 
En este recuerdo al primer presidente del Centro Vasco, también merecen nuestro recuerdo y gratitud aquellos hombres que en Agosto de 1940 co­menzaron a idear y proyectar el pri­mer Centro Vasco. Ángel Aznar, Mari Aríño, Triki Azpiritxaga, Bitor Elge-zábof y Blas Gara ¿te vienen a estas páginas de la revista def 20 aniver­sario? para que les rindamos nuestro homenaje y constatemos nuestro agra­decimiento.

Editorial Xamezaga – Xabier Amezaga

Deja un comentario